Ayer pasé por la Casona de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Luego de bajarme en el puente Abancay de la colosa, desordenada, sucia y muy marginal vía expresa de la av. Grau, caminé presuroso a la tranquilidad, limpieza, quietud e histórica Casona. Sus pasillos siempre guardan sorpresas y mística. De pronto atormentó a mis ojos esto: